Blog · Historia de los géneros
El origen de la ciencia ficción
Frankenstein no es solo una historia de terror: es el punto de partida de la ciencia ficción. La historia de Mary Shelley y de cómo un género nació de una noche de tormenta.
Parte 1
Algunos dicen que Frankenstein es una historia de terror. Y es mucho más que eso: quizás es la primera novela de ciencia ficción de la historia. Se publicó en 1818, 10 años antes de que naciera Julio Verne, al que llamaron “el padre de la ciencia ficción”.
La escribió Mary Shelley, con apenas dieciocho años, pero ella no inventó la ciencia ficción. Lo que hizo fue algo distinto a lo que se venía haciendo. Pensá en el monstruo de Frankenstein. ¿De dónde sale esa criatura? No de un hechizo, no de una maldición, no de un dios. Sale de un laboratorio.
Victor Frankenstein fabrica vida con química y con electricidad; no reza ni crea un hechizo, sino que experimenta. Y en esa época eso no era delirio: era algo que se discutía en serio. Era el inicio de los experimentos con electricidad, en los que, por ejemplo, pasaban corriente en patas de ranas para demostrar que podían moverse aún sin vida. E hicieron otras cosas con cadáveres humanos.
Shelley agarró la ciencia real de su momento y la llevó hasta su consecuencia más oscura. Lo imposible explicado por la ciencia y no por la magia es el ADN de la ciencia ficción.
Parte 2
¿Y entonces por qué la corona de "padre" se la terminó llevando Verne? Porque mientras que Shelley escribió 7 novelas, sólo dos asociadas a la ciencia ficción (Frankenstein y el último hombre), Verne fue una máquina: escribió 80 novelas, además de obras de teatro, cuentos, ensayos. 7 de esas novelas y varios de sus cuentos se pueden asociar a la ciencia ficción. Y además, en 1863 empezó a tomar la ciencia de su época —el submarino, el globo, el viaje a la Luna— y a estirarla hacia el futuro, libro tras libro, con una influencia titánica. Tan grande que le hizo sombra a la escritora que había llegado antes.
Así que ahí tenés el primer quilombo del género: la madre que llegó primero con la idea que lo define, y el padre que en realidad vino después. Pero lo más loco es que ninguno de los dos construyó la ciencia ficción como la leemos hoy. Eso pasó mucho más tarde, y con otros nombres. Te lo cuento en la parte tres.
Parte 3
¿Quién dio origen a la ciencia ficción? En la parte uno vimos que la madre del género podría ser tranquilamente Mary Shelley con su Frankenstein, pero también hablamos de Verne y su influencia titánica. Ahora bien: ¿quién la consolidó como la entendemos hoy? Para eso tenés que conocer a los llamados Tres Grandes.
Si la ciencia ficción moderna tiene una forma, se la dieron estos tres en lo que se llamó la edad de oro: Arthur Clarke, con su 2001 odisea en el espacio y sus tres leyes de Clarke, Robert Heinlein, con su sociopolítica alterada por la tecnología y su narrativa en la que soltaba al lector en un mundo futurista vivo para que lo descubriera, en lugar de detener la historia para explicárselo. Y el más emblemático de los tres: Isaac Asimov con su imperio galáctico, la psicohistória, las Tres Leyes de la Robótica décadas antes de que existiera un solo robot de verdad y la inteligencia artificial por antonomasia como lo es Multivac. Hoy la gente que desarrolla robots e inteligencias artificiales todavía discuten todo eso que Asimov empezó a establecer cuando tenía unos 20 años.
Con semejante currículum, lo lógico sería decir que Asimov es el padre de la ciencia ficción moderna. Pero no. Asimov no es el padre: es el hijo más brillante. Porque atrás de él hubo dos tipos que casi nunca vas a ver en la tapa de un libro, los verdaderos padres de la ciencia ficción. En la parte 4
Parte 4
El primero fue el editor de Asimov, John Campbell. Y no era un editor cualquiera: desde una revista dio origen a toda una época del género. Estableció los lineamientos de su revista muy claramente: el que deseaba publicar con él debía darle verosimilitud científica a sus historias.
¿Y sabés qué? Hasta las famosas Tres Leyes de la Robótica salieron de las charlas de Asimov con él. El propio Asimov le dio el crédito toda su vida. O sea que ni la idea más asimoviana de todas fue del todo de Asimov.
Pero para encontrar al que dibujó el árbol genealógico entero de la ciencia ficción, el padre de la generación dorada de Asimov y compañía, hay que ir más atrás todavía, hasta un tipo llamado Hugo Gernsback. En 1926, Gernsback funda la primera revista dedicada pura y exclusivamente a este tipo de historias, y ahí hace dos cosas enormes. La primera: le pone el nombre – scientifiction, lo que después evolucionaría, por idea suya, a science fiction, ciencia ficción. Y la segunda es que Gernsback, lo más parecido a un padre de la ciencia ficción, coronó a sus predecesores, a los abuelos del género.
Pero esta historia no acaba acá. Sigue en la parte 5
Parte 5
El padre de la ciencia ficción es Hugo Gernsback, un editor de revistas del género. Pero mientras John Campbell, otro editor, definía quiénes eran los hijos de este árbol genealógico y rechazaba otros genios, como Ray Bradbury, por no ser lo suficientemente científicos enforcarse demasiado en sentimiento y personajes en lugar de tecnología, Gernsback no sólo creaba el nombre de la ciencia ficción, sino que establecía sus características al señalar a los abuelos del género, tres escritores del siglo anterior:
dice que la ciencia ficción es el tipo de narraciones que escribían Julio Verne, con sus historias documentadas y basadas en ingeniería y física, H.G. Wells, con sus justificaciones científicas para sostener sus viajes en el tiempo e invisibilidad, y Edgar Allan Poe, con su narrativa analítica y especulación del futuro.
Agarró a tres muertos ilustres y los coronó como los fundadores del género. Antes de Gernsbaack nadie había juntado a esos tres bajo la misma bandera. Fue él quien trazó la línea y dijo "a partir de acá en ciencia ficción".
Pero no se olviden que antes de todos ellos estuvo Shelley y el monstruo de Frankestein. Ahora, ¿no había nada antes que ella, nada que pudiéramos considerar ciencia ficción? Eso te lo cuento en la parte seis.
Parte 6
Hasta Isaac Asimov, el nombre más grande de la ciencia ficción moderna, tuvo detrás a alguien que lo formó. Lo vimos en la parte 4. Y eso deja una pregunta picando. Si hasta el más grande tuvo una maestra como Shelley, ¿quiénes la influenciaron a ella? ¿La ciencia ficción nació de verdad con Frankenstein?
Que Shelley sea "la madre del género" tampoco es 100% verdadero. Es la idea de un crítico. Un señor llamado Brian Aldiss, en 1973, escribió que Frankenstein es la primera novela de ciencia ficción de la historia, y esa etiqueta pegó tan fuerte que hoy la repetimos como si fuera un hecho. Pero es un argumento, no una ley.
Voltaire escribió sobre gigantes de otros mundos que visitan la Tierra en 1752. En 1666 una mujer, Margaret Cavendish, publicó un mundo paralelo entero, más de 100 años antes que Shelley. Cyrano de Bergerac imaginó llegar a la Luna con algo parecido a cohetes en 1657.
En 1608, nada menos que Kepler —el astrónomo que propuso las órbitas elípticas de los planetas— escribió su propio viaje lunar con un puntito de astronomía detrás para disfrazar la explicación. Esta fue de hecho la primera novela del género según Asimov.
Pero, ¿y más atrás? Más de mil seiscientos años antes que Shelley, un griego, Luciano de Samósata, escribió un viaje a la Luna con guerra entre los habitantes del Sol y de la Luna y criaturas de otros mundos. En el siglo dos.
O sea: gente imaginando otros planetas, viajes espaciales y alienígenas hubo por todos lados y desde siempre.
Parte 7
Entonces, ¿Shelley no inventó nada? No es tan así, y acá está el cierre de toda esta historia. Todos esos que vinieron antes imaginaban lo imposible, sí, pero lo explicaban con dioses, con magia o con puro asombro, de manera muy vaga. Shelley fue la primera que volvió verosímil lo imposible a través de la ciencia: imaginó a un hombre que, con conocimiento y electricidad, cruzó un límite que no le tocaba cruzar.
Por eso la ciencia ficción no tiene un solo padre, ni una sola madre, ni una fecha de nacimiento. Tiene un linaje larguísimo que se pierde en el tiempo.
Pero tiene un momento exacto en el que dejó de depender de la magia y pasó lo factible, a la física y la experimentación. Y ese momento tiene nombre: Frankenstein.
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